Siete acciones que perjudican nuestra salud

1. Tomar alimentos no adaptados a nuestras necesidades nutricionales y constitución orgánica

El cuerpo del hombre y la mujer presentan una distinta constitución orgánica y, por tanto, responden a diferentes necesidades nutricionales.

Para mantener el equilibrio orgánico, los alimentos para cada sexo deben ser apropiados y específicos. Si alimentamos a nuestro cuerpo de una manera que no se corresponde con nuestras necesidades específicas es muy probable que surjan problemas de salud. Es como poner en un motor un combustible que no le corresponde, lo dañaríamos.


2. Ingerir alimentos que carecen de energía vital

La energía vital es la fuerza que permite mantenernos vivos y activos. Existe la creencia errónea que ésta se relaciona con los componentes nutricionales y las calorías de los alimentos. Si bien, esto no es del todo cierto.

Podemos encontrar la energía vital, fundamentalmente, en aquellos alimentos en crudo que germinan en la naturaleza, como es el caso de las semillas. La cocción y el tratamiento de estos alimentos hacen desaparecer su aporte energético y vital. Así, la mayoría de los alimentos que ingerimos a diario están exentos de energía vital.


3. Gastar más energía de la que reponemos

El nuevo estilo de vida nos exige cada vez más actividad, más productividad y, todo ello, en el mismo tiempo. La ansiedad, las preocupaciones, el estrés, la fatiga y el cansancio son, en muchos casos, compañeros de viaje inseparables en este caminar disparatado. Estos síntomas, además, nos avisan que hay algo que no funciona correctamente en nuestro organismo.

Un exceso de gasto energético hay que compensarlo con un aporte de energía vital más elevado. Lógicamente, si no reponemos nuevamente toda la energía consumida vamos a sufrir problemas de salud verdaderamente serios. Sin embargo, parece que a muchas personas les cuesta tomar conciencia de esta realidad tan sencilla de “tanto gastas, tanto necesitas reponer”. Si, día tras día, nuestra alimentación carece de energía, se creará un déficit energético, que irá aumentando hasta llegar al “nivel rojo”, y entraremos en reserva. Entonces nuestro cuerpo, para seguir funcionando, no le queda otra opción que obtener lo que necesita de sí mismo: los huesos, la piel, los músculos, la sangre…, se va auto consumiendo y aparecen graves dolencias en este sentido.

Una vez empezado este proceso, todo el organismo se debilita, empeora el aspecto físico y aparecen el cansancio y la fatiga.


4. Enfriar nuestro cuerpo con la ingestión errónea de alimentos

La energía vital en nuestro organismo se transforma en calor, manteniendo la temperatura adecuada, tanto del exterior como del interior, del cuerpo. Esta adecuada temperatura corporal es la que nos permite estar sanos y saludables.

Entre los alimentos que consumimos existen los que aumentan nuestra temperatura corporal y los que enfrían el interior del cuerpo. Si ingerimos alimentos de carácter frío, como frutas y verduras crudas, nuestro cuerpo se enfriará.

Esto puede causar dolor o inflamación en las zonas o puntos en donde la temperatura ha bajado.

Otras consecuencias del enfriamiento corporal, son: el nerviosismo, la ansiedad, pérdida de fuerza en los músculos, tendones, retención de líquido y toxinas, y aumento de grasa corporal.


5. Ingerir demasiados sabores amargos

Las sustancias y alimentos de sabor amargo suelen debilitar el riñón, uno de los órganos fundamentales para mantener un buen estado de salud.

El riñón tiene como función filtrar la sangre, eliminando todo aquello que nos sobra (líquidos, toxinas, desechos metabólicos, etc.). Además, es uno de los principales almacenes de energía vital.

Por eso, cuando se debilita afecta a la energía vital de nuestro organismo.

La mayoría de las sustancias amargas tienen carácter frío o muy frío, siendo, muy perjudiciales para el riñón. Se trata de: infusiones amargas, medicamentos como analgésicos, antiinflamatorios,

somníferos, antidepresivos, antibióticos, drogas, etc. Además, la mayoría de sustancias de sabor

amargo crean adicción.

Los síntomas que aparecen por la ingesta excesiva de sabores amargos de carácter frío, son: nerviosismo, ansiedad, convulsiones, frío, sudor, taquicardia, mareo, vértigo, angustia, cansancio,

dolores de cabeza, hombros, espalda o articulaciones, cólicos, dificultad respiratoria, pérdida de fuerza general, miedo, inseguridad, etc.

Es conveniente tener en cuenta que a partir de los 45 años aproximadamente, el riñón baja su rendimiento, y se debilita más fácilmente. Por lo que se hace más necesario controlar la ingesta

de los sabores amargos.


6. Meridianos cortados por operaciones quirúrgicas

Los meridianos son los canales invisibles que existen en nuestro cuerpo por los cuales circula el flujo de energía. Si un meridiano ha sido cortado, por ejemplo, por una intervención quirúrgica, jamás podrá recuperarse al ciento por cien.

Esto provoca que la energía no pueda circular correctamente y no llegue a ciertas partes del cuerpo, provocando en las mismas, enfriamiento, dolor e inflamación.

Una persona intervenida varias veces, posiblemente tenga cortados varios meridianos, siendo su salud más precaria que la que no ha sido intervenida. En este caso, la solución está en mantener un alto nivel de energía cuidándose adecuadamente.


7. Comer en exceso

La sensación de hambre es una señal del cuerpo que nos avisa de la necesidad de aportar al mismo los alimentos, en forma de combustible adecuado, para funcionar correctamente.

Si después de comer seguimos con la misma sensación de hambre o aparece la ansiedad por seguir comiendo, significa que nuestra ingesta de alimentos no ha sido correcta. Al no recibir los

nutrientes y la energía necesaria en la ingesta, el organismo sigue reclamándolos. Por eso mucha gente tiene que comer una gran cantidad para calmar el hambre.

Al comer lo que nuestro cuerpo necesita en cada momento, nos sentimos saciados con poca cantidad, nos mantenemos tranquilos y sin pesadez de estómago. Por eso, una alimentación

correcta es la base de un buen estado de salud.